La Noche del Koala

blog escrito de Tebu Guerra

Puede que no sea justo

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Puede que no sea justo pedir

que nos devuelvan lo que nos quitaron.

Puede que desde aquél momento

por no gritar

dejara de ser nuestro.

Así de simple.

Habrá que pedirle al tiempo que se detenga

al menos un segundo, a escuchar:

nuestro es el ruido de cristales

rotos

contra el suelo.

Son nuestros esfuerzos

estrellándose contra el muro de la nada.

Habrá que pedirle al futuro

que cuando vuelva

al menos

lo haga estando nosotros despiertos.

Que no aproveche la noche

el silencio

para enviar contra nosotros

a todos esos cerdos.

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Suman seis

Tebu Guerra - Adan Zeus - David Ferrer

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Texto Tebu Guerra, banda sonora Adán Zeus, diseño gráfico David Ferrer

Te contaste los dedos de la mano, presionando por turnos la blandura de tu muslo, y sumaron seis. Te contaste los dedos de la mano, y cuando contaste el sexto, sentiste vergüenza y quisiste esconderla en tu bolsillo. Pero antes de ocultarla la acercaste a tu vientre, tratabas de calmar esa punzada que cada mes pellizca tus ovarios hasta hacerlos sangrar.

Volviste a contar los dedos de tu mano, había uno de más, estuvo ahí, desde siempre y sin razón alguna. Haciendo lo suyo junto a los diez restantes: aticulado, pragmático, acostumbrado a manejar las tijeras, compenetrados en un ritmo automático, haciendo su tarea comohaces las tuyas: sin pensarlo. Atrapado como tú, que te sientes arrastrada por la inercia de esa fuerza, la que te obliga a fingir, que tu vida es normal. La que te hace pensar en lo que los demás esperan que acabes haciendo, los amigos, en las exigencias de la familia. Todo aquello que no tiene sentido en tu vida. Todas las leyes sagradas, que desde siempre, han conspirado contra ti.

Como esa ley natural que todos los meses despierta el dolor en tu vientre, y te hace pensar en la palabra sacrificio. Obligada a entregar algo tuyo…

Pero el dolor se deshace cuando la mano con seis dedos entra al fin en el bolsillo, Cuando la tela que la cubre es un refugio, un escondite, que desde niña has ido cosiendo, y remendando, en cada uno de tus vestidos. Y ahora más calmada, haces chasquear las tijeras. Diriges las cuchillas, las acercas a tu muslo. Tu mano se agarra y aprieta, mientras el sexto dedo se mueve para marcar su posición, para evitar que haya errores, sangre. Y el tajo es rápido, afilado y certero, es limpio. La tela, que antes era un bolsillo, se eleva dos centímetros y cae para posarse en el suelo.

Te cuentas los dedos. Suman seis, y ya no te importa. Tu mano ha quedado libre.

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Hasta aquí

Irene Leon - Hasta aqui
Cuadro de Irene León (Maruchita)
Técnica mixta, 38 x 46 cm

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Ayer ojeaste el mapa, y clavaste la última chincheta sin mirar. Hoy reconoces el lugar, es justo el punto en el que te encuentras ahora. Si vuelves a consultar la ruta, te parecerá imposible recorrer otra vez el mismo camino. No tienes la seguridad de ser capaz de aplicar lo aprendido, tomar la dirección que ahora sabes que es correcta, aprovechar la oportunidad y hacerlo todo bien. La pregunta es si valdría la pena, podría ser que no encontraras de nuevo a las mismas personas. Corres el peligro de olvidar cómo se llega hasta aquí.

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Dieciséis puntos de recarga

Tebu Guerra - Irene León - Dieciseis puntos de recargaCuadro de Irene León (Maruchita)
Técnica mixta, 33 x 46 cm

 

a veces las fuerzas, bueno, ya sabes

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I despertarme sin despertador

II acordarme de ti

III el olor a café

IIII un trozo de chocolate

IIIII no leer el periódico

IIIIII apagar el televisor

IIIIIII apagar el ordenador

IIIIIIII salir de casa y caminar sin rumbo

IIIIIIIII buscar la acera en la que cae el sol

IIIIIIIIII escuchar de pronto nuestra canción, y no saber de dónde viene

IIIIIIIIIII deslumbrarme con un rayo de sol que traspasa las ramas de los árboles.

IIIIIIIIIIii descubrir que me he dejado el móvil en casa y que acabe no importándome

IIIIIIIIIIIII doblar una esquina y de pronto no saber dónde estoy

IIIIIIIIIIIIII reírme de mi despiste

IIIIIIIIIIIIIII sentir en el cuello que llevas un rato caminando a espalda

IIIIIIIIIIIIIIII . . .

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Prométame usted

 

Irene Leon - Prometame ustedCuadro de Irene León (Maruchita)
Técnica mixta, 46 x 55 cm

 

Y si la rabia le trastorna y el rencor le anula y se le atraganta varias veces todo el desprecio y la ira le da arcadas hasta que vomita usted el odio y el estruendo es enorme y se vacía del todo y se derrumba en la hierba y su corazón se va calmando y sus ojos no aguantan abiertos ni un minuto más y sin fuerzas se duerme, prométame que se esforzará en soñar que nace de nuevo, prométame que cuando despierte, algo en usted habrá cambiado.

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Leucochitos

Irene Leon Maruchita -LeucochitosCuadro de Irene León (Maruchita)
Técnica mixta, 46 x 55 cm

 

Las autopistas nacen en tu cuerpo, y las carreteras, y los caminos que llevan a la cumbre de tu boca, a la bruma de tus alturas. De tu ombligo parten las vías de asfalto, venas de tu ciudad por donde transitan los leucochitos guiados por sus gepeeses. A dónde irán tan deprisa. Yo lo que quiero es seguir siendo ese peatón sin permiso de conducir y sorprenderme con tu arquitectura, perderme por tus calles y descubrir todos los caminos de los que aún no me haya enterado.

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Ups!

Irene Leon Maruchita - Ups
Cuadro de Irene León (Maruchita)
Técnica mixta, 40 x 40 cm

Le despertó el aviso de la actualización que emite su panda. Después de encontrarlo bajo la almohada, sus dedos comenzaron a moverse con agilidad por la barriga táctil. Activado por las cosquillas, el oso narraba a voces la noticia mientras ella reaccionaba justo como habíamos imaginado:

– Ups! ¿Estás de coña? Tengo que contárselo a los elefantes…

Y aunque su primer impulso efectivamente le empujaba a reenviarlo en primicia a toda la fauna, la punta de su dedo se detuvo a un milímetro de aquellos pelillos blancos. Era la primera persona en enterarse de que nada iba a cambiar, y ahora dudaba si no hubiera sido mejor enterarse de aquello la última.

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Dichosa excusa

Un cabaret, dicen, y lo llaman Gilles de Rai. Literario, el cabaret, dicen, un micrófono y un escenario. La gente, así somos. Creamos cosas, y no todas son de esas que se pueden tocar. Dichosa excusa.

Gilles de Rai. Un cabaret. Un escenario, un micrófono. Hay un cartel, cuatro o cinco actuaciones programadas. Y también, al final, hay una convocatoria, abierta, una jamm session. El momento del público. El momento de quien quiera subir a ese escenario. El momento de quien tenga algo que decir, algo que mostrar, leer, contar. Explicar. Y tal vez, digo, sólo tal vez, te hagas la pregunta, entre el público, tu cabeza entre todas esas cabezas, te preguntes, si deberías subir ahí. Dar el paso. Dar la cara por lo tuyo. Y te preguntas: entre el público, entre todas las cabezas, cuántas se harán tu misma pregunta.

Tal vez, digo, sólo tal vez, te levantes a por una cerveza, y junto a la barra, en una mesa, veas la hoja, la lista con los nombres, los turnos. El bolígrafo. Y tal vez, tu mano, manejada, por no se qué curioso impulso, escriba tu nombre. Y tal vez, aún tengas tiempo de beber, al menos dos cervezas más, antes de que el presentador pronuncie tu nombre y deje el micrófono a tu cargo. Y tal vez un último chupito.

Te subes al escenario. Cuando estás arriba, y miras al público, comenzar a hablar es lo más difícil. Hay nervios. Obvio. No estás acostumbrado a esto. Necesitas un impulso, porque si no, lo único que vas a vivir es el silencio, y todas esas caras que esperan a que comiences lo que sea que vayas a comenzar. Los nervios te mantienen, unos segundos, de pie, con la boca abierta, parado, a tres centímetros del micrófono. Y de pronto hablas. Y dices quién eres, y explicas lo que has ido a hacer. Presentas lo que viniste a presentar. Y lees. Tanto tiempo, meticuloso, escribiéndolo en tu casa.

Si te pones ante el micro es porque sabes moldear, o al menos lo intentas, eso de dar forma a todo el conglomerado que nos rodea, energías contrapuestas, conflicto eterno, la vida real. Trabajas por convertirlo en otra cosa. Digieres toda esa amalgama, la procesas, la transformas y la utilizas como sedimento para construir algo, un poema, un relato, cualquier cosa, que sea al menos un poco mejor de lo que ya tenemos. Algo, al menos, más honesto. Al menos lo intentas. Y ese material es ahora tragedia, épica, humor. Algo absurdo. Un poco ridículo. Pero mejor que en la vida real.

Todos esos que puedes ver en el escenario, tal vez, tienen esta necesidad. Y lo puedes ver. Cómo suben al escenario, cómo se acercan al micro, cómo, cuando leen, arrugan sus hojas. Tienen la necesidad de sentir, que todo el esfuerzo, el trabajo, minucioso, sirve para algo. Y si eres de los que pisan el escenario, ese algo, es lo que expresan todas esas caras. Lo tienes ahí, justo delante, en la cara del público, que en cuanto pronuncias la palabra, ellos la reciben, y reaccionan, respondiendo de inmediato a tu estímulo. La risa, la tensión, la nostalgia, todo eso que estuviste planeando, ensayando, durante tanto tiempo. Tu punto de vista. Tus cosas. Y esperas, de alguna manera, que sean tambien las cosas de los otros. La diferencia es que tú las cuentas. Son tus cosas. Y lo haces de la mejor manera que sabes. Y además, disfrutas con esto. Durante unos minutos, tus cosas, tu esfuerzo, todo eso, tiene sentido. Cuando desciendes, y al fin pisas el suelo, los nervios se han convertido en adrenalina. Esa es la señal.

Esto, dicen, los que pisan su escenario, es el Cabaret Literario Gilles de Rai. Dichosa excusa.

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Valguamar, dos relatos

Valguamar, cuentos de lugares, amores y difuntos fue un libro trabajado junto a Gemma Solsona. De ella son diez de los doce relatos que lo componen, y míos son dos. Son relatos demasiado largos para postearlos en el blog, así que copio las sinopsis de  las historias que nos curramos.

El libro fue publicado en el 2010 por Editorial Hijos del Hule y puedes encontrarlo en las librerías preguntando por el siguiente ISBN: 978-84-936002-6-6

 

Valguamar - Valparnaso - Atxe
Atxe

Al Bosque Nunca Más

Se desarrolla en el pueblo de Valparnaso, donde todas las historias son tristes y crueles, de amores frustrados, muerte, venganza, asesinatos… un pueblo imaginario, siniestro y desdichado, donde la fatalidad se ha instalado en la vida de sus habitantes.

Sinopsis:
El bosque de Valparnaso es un lugar sombrío al que ni Doña Rosario, la curandera, se atreve a entrar. Una tarde la vieja ve salir del bosque a Mariana; la niña lleva el vestido roto y en su cuerpo se adivinan signos de violencia. Rosario intentará averiguar lo ocurrido, y eso la llevará a rastrear la atormentada historia de su familia vecina: la desaparición del patriarca Arzís, y la enfermedad de Edna, la madre, que nunca abandona la casa.

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Valguamar - Maronia - Xavier
Xavier Casals

Islabel

Dentro del escenario de los relatos que transcurren cerca de un faro, en playas hermosas y solitarias, islas perdidas en el mar… Con el mar como testigo, las historias que suceden entorno a esta isla se acercan a la leyenda.

Sinopsis:
En la isla nunca habían sido testigos de una tormenta como la de aquella noche. Mientras hace su ronda, el guardacostas encuentra una niña en la playa cuyas únicas pertenencias son su misterioso nombre, y un catalejo con el que la niña busca el barco donde siempre vivió. Un barco donde se encuentra la única compañía que tuvo durante la travesía; un viejo marinero que día tras día le repetía la misma promesa.

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