El fallo universal

por Tebu Guerra

Tras un justo juicio, el Ser Supremo mandó llamar al ente pecador. Era hora de dictar sentencia.

Habiendo asumido la responsabilidad de sus actos, el acusado se dispuso a acatar la pena que le fuera impuesta. Nada ya podía hacer ante la magnificencia del viejo sabio.

El martillo tornó silencioso todo el cosmos. El veredicto fue contundente:

–Tu vida compendia todas las faltas. Tus actos, son fiel reflejo de la perversa sustancia que tu alma contiene. Injusticia, odio y desdicha. Estafa, chantaje, tráfico, violación y extorsión de corazones puros, de vírgenes presencias. No muestras ni un ápice de arrepentimiento, serás duramente castigado. Te condeno, pues, a ser humano.

El ajusticiado pidió un último deseo:

– Adán seré llamado.

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