Caracoles

por Tebu Guerra

A veces esa época caracol que prospera en los inviernos, la casa, la manta, la estufa. Ellos dos sobre la cama.

Ella restriega el boli en la libreta que tiene siempre a su lado. A veces logra unas letras que sirven, y las amontona, hoja tras hoja, para cuando llegue el momento adecuado. Él teclea cartas que nunca envía. Me temo –le asegura– que lo hago por si acaso. Y ninguno pregunta al otro, porque les importa demasiado. Y ambos lo guardan todo en ese cajón de la mesilla, bajo la valeriana y el ibuprofeno, la caja en la que guardan los condones que todavía no han usado. Y cuando terminan ella a veces pregunta, con inquietud, cuál es el siguiente paso. Y le besa la espalda a él, que le asegura en ese futuro nunca ha estado. Le propone seguir. Y ella le sigue encantado.

Hay veces en que ella se esfuerza y consigue dejar la cama. Anda el pasillo hasta la puerta y si se esfuerza es capaz de salir al rellano. Se asoma, y siente en la garganta el vértigo de la escalera. Él tiene que ir tras ella y cuando llega la agarra del brazo. Y se paran al borde de aquél hueco, y juntos miran e intentan calcular, de aquí a la calle, todos esos escalones, ¿cuántos? Ella se agarra al pasamano, aprieta con fuerza el metal hasta que siente dolor en los dedos. Clava los ojos en él, su manera de pedirle por favor que diga el resultado de su cálculo. Él responde –Cariño, ya lo sabes. Ya sabes que son demasiados.

Cogidos del brazo desandan, el interior de ese caracol que les lleva siempre al mismo sitio. Regresan entonces a su puerta, su placa con nombres y apellidos. El picaporte, el dormitorio al final del pasillo. La libreta de ella, las cartas de él. Palabras que nacen del frío. Palabras que prefieren guardar para el verano. La mesilla, la valeriana y el ibuprofeno, la caja de los condones que aún no han usado.Vuelven bajo la manta y él le besa la espalda. Ella le propone seguir. Y él la sigue sin pensarlo.

.

.

Sigue leyendo

  – 

Versos   –   Piezas   –   Relatos

.

.

 

Anuncios